Condena pública a la discriminación racial

Desde sus primeros meses, la Revolución libró una batalla abierta contra los prejuicios y exhortó a la unidad

Las tareas revolucionarias también hermanaron a los cubanos. Foto: Liborio Noval

Las tareas revolucionarias también hermanaron a los cubanos. Foto: Liborio Noval.

Por Eugenio Suárez Pérez* y Acela Caner Román

El 22 de marzo de 1959, Fidel Castro convoca a todos los cubanos a unirse en la lucha para ganar la batalla porque acabe la discriminación racial en los centros de trabajo.
Desde sus años juveniles, en la dirección del Comité de Lucha contra la Discriminación Racial de la Universidad de La Habana, Fidel había combatido los prejuicios raciales. Pero fue ese día cuando, ante la multitud congregada frente al antiguo Palacio Presidencial, por primera vez después del triunfo, declara públicamente la posición del Gobierno Revolucionario en relación con esa lacra social, y llama a luchar contra la discriminación racial:
«Hay que dictar el anatema y la condenación pública contra aquellos que llenos de pasados resabios, de pasados prejuiciosos, tienen el poco escrúpulo de discriminar a unos cubanos, de maltratar a unos cubanos por cuestiones de piel más clara o más oscura.»1

La más difícil de todas las injusticias

En conferencia de prensa en el Canal 12 de la Televisión Cubana, el 25 de marzo de 1959, Fidel reconoce:

«El problema de la discriminación racial es, desgraciadamente, uno de los problemas más complejos y más difíciles de los que la Revolución tiene que abordar.»2

A continuación explica que no se trata del problema del alquiler ni de las medicinas caras, ni de la Compañía de Teléfonos ni el problema del latifundio, que por esos días se vienen encarando, sino que es este uno de los problemas más serios que la Revolución tiene que enfrentar. Y reitera:

«Quizás el más difícil de todos los problemas que tenemos delante, quizás la más difícil de todas las injusticias de las que han existido en nuestro medio ambiente, sea el problema que implica para nosotros el poner fin a esa injusticia que es la discriminación racial, aunque parezca increíble.»3

Ampliamente, Fidel explica cómo los problemas de orden mental, en una Revolución, se convierten en valladares tan difíciles que pueden devenir los más poderosos enemigos. Los intereses y privilegios que estuvieron gravitando sobre la nación durante tantos años afectan a todo el pueblo. Para combatir ese mal, precisa, «tenemos que luchar muy fuertemente contra nosotros mismos.»4

Con énfasis, Fidel subraya el peligro que puede acarrear esa discriminación racial para el proceso revolucionario:

«Somos un pueblo pequeño, que necesitamos todos unos de otros, necesitamos el esfuerzo de todos, ¿y vamos a dividirnos ahora entre blancos y negros? ¿Vamos a dividirnos por un color? ¿Por más rubio, menos rubio; más trigueño, menos trigueño; más prieto y menos prieto? ¿Eso para qué serviría sino para debilitar a la nación, para debilitar a Cuba? ¿Conque somos pocos y además nos vamos a dividir?»5

Luego pregunta qué es la nación cubana, e inmediatamente responde que nuestra nación es un producto de la historia, donde todos somos componentes de la sociedad y de la historia. Y vuelve a insistir en que no hay ninguna raza especial, ni raza pura, ni mucho menos una raza superior.

Una de las primeras convocatorias de la Revolución para enfrentar la discriminación racial, la anuncia Fidel cuando dice:

«Vamos a pedirles a todos, a blancos y a negros; vamos a hacernos una promesa, vamos a ganar una batalla más, lo mismo que hemos ganado otras; vamos a invitar a una mayor comprensión, vamos a invitar a una mayor fraternidad, vamos a invitar a un mejor trato, vamos a invitar a una mayor amistad entre los hombres de un color y de otro.»6

La Revolución está marchando más deprisa que el pueblo

Pocos días después, el domingo 29 de marzo, ante miles de campesinos concentrados en el parque central de Güines, Fidel expresa la necesidad de sembrar los mejores valores en el pueblo y, preocupado, confiesa: «Tengo en estos días una espinita por dentro, pensando que el pueblo no esté completamente maduro todavía, que el pueblo no esté completamente preparado todavía.»7

Fidel relata que ha vivido una experiencia muy amarga luego de haber planteado que han existido y existen en nuestra patria problemas de discriminación racial, y que en algunos sectores se aplica el bochornoso procedimiento de excluir al negro del trabajo. El líder comenta:

«Hablé claro, planteé el problema serenamente. Lo planteé claro, expliqué sus causas, dije bien claramente que era una cuestión fundamentalmente de educación. Y, sin embargo, me encuentro con una triste realidad, que mucha gente no me había entendido, que mucha gente me criticaba. Y yo desde luego dije, que si por hablar con justicia me tenían que criticar y me tenían que hacer lo que me tenían que hacer, jamás renunciaría a hablar con justicia.»8

Entonces se pregunta: ¿Por qué no me comprendió mucha gente cuando hablé de este problema? ¿No era una injusticia igual que las demás? Ante la respuesta afirmativa de los presentes, Fidel continúa:

«Y, ¿por qué gente que aplaudía cuando rebajamos los alquileres, o cuando hablamos de proscribir el latifundio, me criticaron cuando planteé el problema de la injusticia de la discriminación racial?»

Lo más triste —destaca Fidel— es que entre quienes han criticado su planteamiento hay muchas personas humildes del pueblo. Y reflexiona:

«Hay gente a las que les están poniendo la bota encima y están protestando de la bota que le tienen puesta, y sin embargo, no protestan de la bota que le están poniendo al lado al vecino (…) El hombre no puede ser egoísta y mucho menos puede ser egoísta el hombre del pueblo».

Ante tal incomprensión, esgrime:

«¿Qué me demostró eso a mí? Que el pueblo no estaba todavía tan preparado y tenía todavía muchos prejuicios y muchas ideas viejas en sus mentes. Y tuve la sensación de que la Revolución estaba marchando más deprisa que el pueblo…»9

Los únicos que salen ganando con esas ideas viejas y esos prejuicios —insiste Fidel—, son los enemigos de la Revolución, son aquellos que pretenden debilitar y dividir al pueblo para destruir el espíritu que debe unir a todos los cubanos. (Tomado del diario Juventud Rebelde)

*Director de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado.

1 http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1959/esp/f220359e.html

2 Revolución, 26 de marzo de 1959, p. 2.

3 Ibídem.

4 Ibídem.

5 Ibidem.

6 Ibídem.

7 Revolución, 30 de marzo de 1959, pp. 2 y 3.

8 Ibídem.

9 Ibídem.

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