Adios a Gabo, un grande del periodismo y la literatura

Un hombre ocurrente, de una imaginación febril.

Un hombre ocurrente, de una imaginación febril.

Juan Diego Nusa Peñalver

No por estar prevenido me dejó de sorprender.  Y aun no lo creo.  Hace unas horas falleció Gabriel García Márquez, un paradigma del periodismo y la literatura de la América Latina y el Caribe y del mundo.  Y por sobre todas las cosas, un entrañable amigo de Fidel y de la Revolución cubana, muy cercanos a los cubanos.

Siendo muy joven, un estudiante de la carrera de periodismo en La Universidad de La Habana, allá por la lejana década de los 80 del siglo pasado, entré de lleno con su mágica literatura.  Con ese realismo maravilloso que aprendí a entender en nuestro Alejo Carpentier y que me prendió definitivamente con el Gabo. Literalmente me bebí en un sorbo ese soberbio libro de Cien Años de Soledad (1967), su obra cumbre en la que como nadie hace gala de una imaginación delirante, febril de su macondo desenfrenado.  Una forma peculiar de narrar que me atrapó, me cautivó para siempre.

Una foto del Gabo con su amigo Fidel Castro. (AFP | Adalberto Roque)

Una foto del Gabo con su amigo Fidel Castro y con el argentino Fernando Birri.  Foto: AFP/ Adalberto Roque.

De su firme mano me leí como agua de manantial La hojarasca (1955), El coronel no tiene quien le escriba (1961), Relato de un náufrago (1970), El otoño del patriarca (1975), Crónicas y reportajes (1976), Operación Carlota (1977), Crónica de una muerte anunciada (1981), El amor en los tiempos del cólera (1985), La aventura de Miguel Littín, clandestino en Chile (1986), El general en su laberinto (1989), Del amor y otros demonios (1994) y Noticia de un secuestro (1996). Todas fueron por años mis libros de cabecera, que leía y releía para reírme en ocasiones, reflexionar en otras, en la complicidad de la soledad, de sus truculentas fábulas, de su sensibilidad humana, del detalle de cuanto escribía. Fue, a no dudarlo, un maestro del periodismo, un empedernido cronista, de cuyas letras salían lecciones para la vida.  Enseñanzas que nunca olvidé.  En la Universidad, en nuestro grupo de periodismo, el Gabo siempre era un tema obligado de conversación cuya última novedad la traía mi hermano Elías Argudín, un furibundo garciamarquiano. Nuestras tertulias giraban sobre como tiovivo sobre  “El mejor oficio del mundo”, como el Gabo lo definía y del que nosotros imberbes niños petulantes éramos aprendices de bruja.

Ese periodista innato que fue y legó bien lo refleja un reporte de la agencia Notimex, de México, su segunda patria: En él se da cuenta de que la pasión del “Gabo” siempre fue fiel a la actividad periodística que desde su trinchera literaria también ejerció.

“Soy un periodista, fundamentalmente. Toda la vida he sido un periodista. Mis libros son libros de periodista, aunque se vea poco. Pero esos libros tienen una cantidad de investigación y de comprobación de datos y de rigor histórico, de fidelidad a los hechos, que en el fondo son grandes reportajes novelados o fantásticos, pero el método de investigación y de manejo de la información y los hechos es de periodista”, declaró alguna vez para Radio Caracol.

Vale la pena quedarse además con la definición que de él hiciera la escritora Olga Behar, para quien el autor podía ser considerado “un patrimonio ético, literario y cultural de la humanidad, pero, sobre todo, un maestro para enseñar a cultivar las amistades”.

Ya lo decía el mexicano Carlos Fuentes, “una amistad como la suya, es para siempre”, tan imperecedera como la obra que ha legado. Sin comentarios.

Nunca me olvidaré de la fría noche del 4 de diciembre de 1985, cuando en el día que los cubanos celebramos a Changó, dios del trueno, guerrero por excelencia y mujeriego por antonomasia, se inauguraba en La Habana la sede de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, una entidad cultural privada con personalidad jurídica propia, sin ánimo de lucro; creada con el propósito de contribuir al desarrollo e integración del cine latinoamericano y de lograr un universo audiovisual común, además de cooperar con el rescate y afianzamiento de la identidad cultural de América Latina y el Caribe, tantas veces vapuleada, aguijoneada por las mass media del Norte.  Pero allí, en aquella noche anunciadora conocí finalmente a uno de mis ídolos, a Gabriel García Márquez, al Gabo. Y no me defraudo.  Yo acaba de empezar en el periodismo hacia justamente unos meses (1 de marzo de ese año) me enfrentaba a un gigante y me atendió como si fuera el más encumbrado de los reporteros, con ese don de gente que siempre lo acompañó y que admiré profundamente en él. De ese momento mágico recuerdo su baja estatura, su hablar pausado, sus negros ojos escrutadores y su sonrisa franca.  Vestido rigurosamente de negro.  Siempre abierto al diálogo, a la conversación con un colega por más ocupado que este. Me maravilló su prodigiosa memoria y afabilidad en el trato.  Sin embargo, ya me habían alertado de que era poco amigo de la grabadora (que consideraba invento luciferino), y lo comprobé cuando me dijo que no le gustaba el grabador, que prefería el papel y el lápiz.  Y esa fue una enseñanza que nunca olvidé…, el papel y el lápiz en cualquier circunstancia, en la mejor o peor situación no te traiciona.  Esa es la segura.

Ahora a los 87 años se ha ido y de seguro retornará a su Aracataca natal, esa aldea perdida en el Caribe colombiano que, se ha dicho, “renace una y mil veces bajo el nombre de Macondo gracias a la extraordinaria capacidad fabuladora de su creador”.  El llamado Padre del “realismo mágico” puso fin a la mayor de sus historias. Descansa en paz Gabo, ya eres inmortal.  Nunca te olvidaremos.  Un abrazo y HASTA SIEMPRE.

EFE - MEX22. CIUDAD DE MÉXICO (MÉXICO), 06/03/2014.- El escritor colombiano Gabriel García Márquez saluda sonriente a un grupo de periodistas hoy, jueves, 6 de marzo de 2014, afuera de su residencia en Ciudad

CIUDAD DE MÉXICO (MÉXICO), 06/03/2014.- El escritor colombiano Gabriel García Márquez saluda sonriente a un grupo de periodistas hoy, jueves, 6 de marzo de 2014, afuera de su residencia en Ciudad. Foto: EFE.

 

Anuncios

5 comentarios

  1. Increíblemente hoy no tengo deseos de escribir. Se ha ido uno de mis mejores amigos. Viva el Gabo.

  2. Hasta luego “gabo”, a los grandes nunca se les dice adiós.

  3. Un breve minuto de silencio por la partida, una eterna presencia del gran intelectual.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: